Tras los platos de los Mursis y Jinka. 30-12-15

Otro día más nos levantamos nerviosos. Entre el calor que hace y la mente soñadora que tenemos, no hay manera de descansar tranquilamente.

Suena el despertador y damos un salto a duo, retiramos nuestra mosquitera y nos damos una ducha rápida para ir a desayunar al buffet del hotel.

A la hora prevista aparece el chófer y el guía. Nos montamos en  el todoterreno y nos alejamos del hotel entre las calles de tierra de Jinka. A las afueras del pueblo debemos atravesar un río para continuar nuestro camino. En este lugar hay mucha gente que se dedica a  limpiar los todoterrenos durante todo el día.

limpiando los todoterreno.

Limpiando los todoterreno.

Cruzamos el río y nos adentramos en las tierras de una de las tribus más hostiles e impresionantes de África, los Mursis.

Estamos en el parque nacional de Mago y es obligatorio llevar a un militar (ranger) con su arma durante la visita. El trayecto dura unas dos horas; durante el viaje veremos algunos animales, sobre todo monos y aves.

Entrada al parque.

Entrada al parque.

Parque Mago.

Parque Mago.

Paramos en la primera aldea que ven; nos bajamos y nos sentimos un pelín acosados por la gente que hay allí. Apenas nos hemos bajado del coche todos quieren que les saques fotos y que les des dinero.

No era más que una campa donde pasan la noche los animales y tuvimos la sensación de ser un dólar andante.

Jefes de la tribu

A la espera de los turistas.

Al final decidimos acercarnos a otra aldea.

En ese momento apareció el jefe de la tribu, un joven de unos 2m, espigao pero con cara de pocos amigos y va hacia donde nuestro guía para pedirle el dinero solo por entrar en su territorio. Fueron unos momentos muy tensos y eso que llevábamos un militar con nosotros. Nuestro guía no sabía ni que hacer…

Al final, mediante el pago de unos birr  parece que se llegó al entendimiento; en esta ocasión le tenemos que dar las gracias al chófer que se lo curró pero que muy bien… la cosa pintaba muy mal.

Recorremos unos kilómetros más y vemos varias pequeñas aldeas hasta que vimos una que nos pareció bonita y más tranquila, con sus chozas típicas y la gente vestida tradicionalmente.

aldea Mursi.

Aldea Mursi.

Es verdad que estas visitas están totalmente preparadas y que tienes que pagar por todo pero ya que estamos en Ethiopía nos apetecía ver a una de las tribus más famosas de África.

Típico plato de los mursis.

Típico plato de los mursis.

Lo más característico de esta tribu es que sus mujeres se ponen un plato de arcilla sujeto con el labio inferior. Cuando llegan a la pubertad se hacen un corte en el labio; éste con el paso del tiempo se va haciendo más grande; cuando tiene un tamaño considerable se van colocando platos de cerámica o de madera según sea el tamaño del agujero. Llega un momento en que tienen que quitarse los dos dientes inferiores para poder colocárselo. Cuanto más grande es el plato, mayor es su valor (el de la mujer).

También se colocan estos platos en los lóbulos de las orejas, tanto hombres como mujeres. Es digno de ver!

Una Mursi con el labio caido.

Una Mursi con el labio caido.

Casas tipicas

Vivienda mursi.

Mujeres tipicas

Adornos típicos

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Disfrutando del viaje.

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Cada uno coge su zona.

Después de varias horas de tensiones y de fotos, nos despedimos de la gente de la tribu y regresaremos a Jinka para tomar el lunch y por la tarde perdernos entre sus calles y mercados para disfrutar de África a nuestro aireeee.

Una mujer Mussi.

Una mujer Mursi.

De vuelta a Jinka pasaremos la tarde recorriendo otro mercado, jugando con los peques e incluso entrando a una escuela.

Mercado de Jinka.

Mercado de Jinka.

Cambiando monedas con el estanquero.

Cambiando monedas con el estanquero.

Los niños invitandonos a ir a la escuela.

Los niños invitándonos a ir a la escuela.

La escuela.

La escuela.

Así si que lo estamos disfrutando; recorriendo sus calles, charlando con la gente, jugando con los niños…

¡Vaya carretilla!

¡Vaya carretilla!

Futuros futbolistas.

Futuros futbolistas.

Jugando al aro

Jugando al aro

saltando las tres a la comba.

Saltando las tres a la comba.

El atardecer fue  otro de esos que, una vez que se graban en la retina no se olvidan jamás.

¡Sin palabras!

¡Sin palabras!

Con este buen sabor de boca nos vamos a dormir hoy más relajadosssssss.

Un saludo

Isayrober

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