Tolar Grande 2 etapa

El jueves es un sin vivir, desde las 7 de la mañana comenzamos a llamar a puertas y a quedar con gente, uno nos manda al otro y ese otro a otro… así van pasando las horas y la desesperación se apodera de nosotros.

Nos hemos recorrido el pueblo de una casa a otra, buscando a la gente.

Nos hemos recorrido el pueblo de una casa a otra, buscando a la gente.

Ya nos conoce todo el pueblo pero no encontramos a nadie que nos pueda acercar hasta la montaña; hace falta un 4×4 y conocer a la perfección el camino.

Vistas desde el cerro Patxamama, justo encima de Tolar Grande.

Vistas desde el cerro Patxamama, justo encima de Tolar Grande.

Vaya desesperación, llegar hasta aquí y no poder intentarlo.

Vaya desesperación, llegar hasta aquí y no poder intentarlo.

Ya son las 14h del jueves y damos por perdida la batalla para hacer el LLullaillaco. Decidimos ir a comprar el billete de vuelta para Salta, ya que sólo sale un autobús a la semana y es el viernes. En el instante en el que los estamos comprando llega el intendente (alcalde) de Tolar.

Un rato de bajón y desilusionados.

Un rato de bajón y desilusionados.

Nos lo presentan y después de un rato de contarle nuestro malestar por todo lo que nos ha ocurrido, decide dejarnos a su chófer Carlos (buen conocedor de la zona, nos dice el alcalde) y el todoterrreno del ayuntamiento, para que nos lleve hasta el campo base del LLullaillaco.

Con el alcalde de Tolar Grande.

Con el alcalde de Tolar Grande.

Negociamos el precio de ida y vuelta y después de un apretón de manos quedamos con su chófer a las 16:00 en el hostel donde dormimos.

Se presenta a buscarnos con un chavalín que resulta ser su sobrino, para que a la vuelta le acompañe ya que puede resultar muy peligroso viajar solo.

Esperando a Carlos en la entrada del hostel.

Esperando a Carlos en la entrada del hostel.

Arrancamos la aventura con el todoterreno; con 200km por delante, por pistas de tierra, cruzando salares inmensos como el de Arizaro (el 3º más grande del mundo), pasando por un pueblo abandonado, por minas de azufre ¡Toda una  aventura!

saliendo del pueblo entre dunas.

saliendo del pueblo entre dunas.

¡¡Por fin en el auto!! Dirección al LLullaillaco

¡¡Por fin en el auto!! Dirección al LLullaillaco

Salar de Arizano, asusta estar en medio de este lugar.

Salar de Arizano, asusta estar en medio de este lugar.

Después de casi dos horas por pistas, aparece una carretera asfaltada, en medio de la nada…nos quedamos alucinados!!!

Una paradita para ir aclimatando a estos fuertes vientos.

Una paradita para ir aclimatando a estos fuertes vientos.

Son los restos de la carretera que iba hasta la mina de La Casualidad, lugar donde llegaron a vivir más de 3000 personas. Allí hubo escuela, iglesia e incluso Casino. La mina de azufre se cerró hace ya unos 35 años y el pueblo se abandonó por completo. Cuando esto ocurrió saquearon todo el pueblo, no dejaron ni los suelos de las casas y la gran mayoría de éstas se fueron cayendo. Incluso ha desaparecido casi por completo la línea de vagonetas que bajaban desde la montaña hasta la fábrica, llevándose todos los hierros y cables. Ahora parece un “pueblo fantasma”.

Mina de la Casualidad.

Mina de la Casualidad.

Una ciudad fantasma

Una ciudad fantasma

Desde el casino de la ciudad de la Casualidad.

Desde el casino de la ciudad de la Casualidad.

Después de ver este lugar, seguimos viaje por una carretera muy estrecha de tierra que va hacia otro salar, el del LLullaillaco, donde vive una variedad de flamencos única en el mundo. No tuvimos la suerte de verlos, pero pensamos que a la vuelta con más tiempo podríamos verlos.

Llegando al Salar del Llullaillaco.

Llegando al Salar del Llullaillaco.

Seguimos subiendo y bajando laderas, ya sin rastro de camino, incluso en un par de ocasiones tuvimos que atravesar algún nevero que costó lo suyo. Aguantamos así hasta que ya bien entrada la noche comienza a nevar copiosamente.

¡¡Que hacemos!!

¡¡Que hacemos!!

Hemos subido casi a 4.800m pero Carlos no lo ve muy claro y decide bajar un poco y parar a dormir, porque no está muy seguro de estar en la ruta correcta y no se ve absolutamente nada con la ventisca. Mañana con luz podremos llegar hasta el C.B. si el todoterreno aguanta (ya hemos tenido que parar dos veces porque el filtro no va muy bien). Incluso David, Isa y yo nos miramos y pensamos que igual hay que darse la vuelta y volver para Tolar. Menos mal que Carlos nos anima y nos dice que mañana lo veremos con otros ojos.

Sacamos la tienda y la montamos inmersos en la tormenta, con un frio de espanto. Dormimos los 3 en la tienda y Carlos y el sobrino en el todoterreno.

Mucho frio para montar la tienda. Sobre todo por el viento.

Mucho frio para montar la tienda. Sobre todo por el viento.

Tuvimos una noche muy movidita con el viento y aunque logramos descansar, nos costó mucho ya que no nos quitábamos de la cabeza lo preocupados que tendrían que estar en Tolar ya que se suponía que Carlos y su sobrino estarían de vuelta esa noche.

Hasta mañana amigos.

David, Isa y Rober

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